FORMACIÓN PASTORAL
(LINEAMIENTOS GENERALES)
JUSTIFICACIÓN
La formación para el ministerio presbiteral hoy en Colombia se ubica dentro del gran proyecto de la nueva evangelización de América latina y del mundo. Es una convocación a lo mejor de las energías de nuestras Iglesias particulares para preparar a quienes están llamados a liberar, desde el evangelio, la construcción, en nuestra patria, de un futuro diferente en todos los órdenes.
El seminario, en Colombia, está llamado a formar presbíteros y ministros que den un impulso renovado a todos los proyectos que nacieron a la luz del Vaticano II y que de manera imaginativa y audaz comenzaron a trazar caminos de acción evangelizadora a través de los acontecimientos eclesiales de Medellín, Puebla y Santo Domingo.
La formación presbiteral constata que en Colombia vivimos la realidad de un mundo pluralista, donde coexisten (tolerándose mutuamente o a veces en conflicto abierto) grupos humanos que poseen costumbres, culturas, credos religiosos, valores morales diferentes. La sociedad moderna que avanza en todos los países de América Latina, promoviendo el individualismo, incentivando la opción personal, defendiendo el principio de la libertad de pensamiento y de religión, está generando un mundo diferenciado y pluriforme. Estamos ante una peculiar visión del mundo, de la religión y de la cultura. El seminario forma presbíteros para este nuevo escenario donde se juega la tarea evangelizadora de la Iglesia.
Cuando observamos el escenario donde tiene que realizarse la Nueva Evangelización de América Latina y por consiguiente de Colombia, son muchos los desafíos que tiene la formación presbiteral hacia el futuro. La formación del seminario es respuesta a los desafíos de la evangelización de nuestro país. ¨ las fallas en estos aspectos de la formación no permitirán la renovación pastoral que requiere la Iglesia, con el fin de que las comunidades cristianas, teniendo en cuenta la realidad socio-cultural, sean orgánicas, vivas y misioneras.
El seminario, para ser a la misión que tiene dentro de la Iglesia, se ubica frente al hombre colombiano, que debe ser integralmente salvado en Cristo y se empeña en la tarea de formar pastores dedicados a servirlo y promoverlo para que sea protagonista de su propio desarrollo. La finalidad del seminario es ¨ la formación de verdaderos pastores. Todos los aspectos de la formación confluyen conjuntamente a la formación pastoral, para crear en los candidatos mentalidad de pastores y una personalidad apostólica que los capacite integralmente para responder a los retos siempre nuevos que va presentando la realidad cambiante.
OBJETIVOS
Formar en los candidatos al presbiterado una mentalidad y espíritu pastorales para que, siguiendo a Jesucristo, un Buen Pastor, entreguen su vida al servicio de la Nueva Evangelización de la Iglesia de Colombia.
Lograr que los candidatos adquieran una visión global de la acción pastoral para que, como futuros colaboradores de Dios y formándose en las actitudes de Jesucristo Pastor, se preparen seriamente para liderar, en comunión con su Obispo y con el presbítero, la tarea misionera de la nueva Evangelización.
Alentar al os candidatos el espíritu misionero, para que con nuevo ardor, con nuevas expresiones y nuevos métodos, se comprometan en la obra de hacer vivir y reinar a Jesús en el corazón de sus hermanos.
PRINCIPIOS
La formación pastoral pertenece al ser mismo de la Iglesia que es, por definición, evangelizadora y misionera: instituyó a los doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar. La Iglesia, Sacramento de Cristo, es la continuadora de su obra. El presbítero es responsable de esa obra evangelizadora de la Iglesia haciendo presente a Cristo Cabeza y pastor, y como imagen viva de Jesucristo esposo de la Iglesia.
A este fin, por lo tanto, se ordenarán los diversos aspectos de la formación (humano, espiritual, intelectual, pastoral y comunitario) y todo el proceso disciplinario y metodológico del seminario.
DINAMISMOS
La formación pastoral es global: el candidato se prepara en los diferentes campos de la acción evangelizadora, proclamación de la palabra de Dios, celebraciones litúrgicas, experiencias de la oración personal y comunitaria, evangelización de la religiosidad popular, consejería y asesorías espirituales, acción y compromiso sociales, organización, animación, administración y dirección de la comunidad, y acompañamiento de los movimientos apostólicas y de los sectores específicos de la acción pastoral.
La formación pastoral de los candidatos no sólo se realiza en el seminario sino también en el seno de las comunidades eclesiales concretas, de modo que en ellas pueda trabajar en equipo con los presbíteros y de más agentes de pastoral, convivir fraternalmente con los laicos, tener una relación madura con la mujer y dedicar una especial atención a los pobres y a los más necesitados.
A su vez, la comunidad eclesial que acoge al candidato se compromete con él en su camino al presbiterado, con el testimonio, el apoyo y la evaluación del trabajo pastoral y puede ser requerida a dar su parecer cuando el candidato pida ser llamado a los ministerios.
ECLESIALIDAD
La formación pastoral ha de fundamentarse en una comprensión de la Iglesia que es esencialmente Misterio, Comunión y Misión; de modo que el conocimiento de una bien fundamentada eclesiología corresponda en los candidatos en espíritu de una convencida eclesialidad. Desde este horizonte eclesiólogico comprenderá en aspirante al presbiterado su identidad personal y su misión específica.
El seminario, consciente de su responsabilidad ante la Iglesia en Colombia, forma los pastores que ella necesita y se propone ofrecerle hombres austeros con corazón de pobre, hombres maduros capaces de ser conductores de sus hermanos y de acercarse a su realidad con ojos y corazón de pastores, hombres de oración que sepan encontrar en el silencio y la meditación los valores y razones de servidor y hombres que sepan dar a su vida ministerial una profunda dimensión contemplativa.
La formación pastoral en el seminario propicia que los candidatos al clero diocesano conozcan y amen cada vez más la propia Iglesia particular, adquieran un conocimiento teórico y práctico de las líneas de acción pastoral de la diócesis, y un entrenamiento efectivo en la puesta en práctica de la opción preferida por los pobres, de la propiedad operativa de la pastoral familiar y de la importancia clave que tiene la atención pastoral a los jóvenes. Del mismo modo, los candidatos se comprometen con la pastoral vocacional, en la que, de hecho, poseen un campo de acción que les es propio.
Los candidatos, como preparación y aprendizaje hacia la exigencia de vida presbiteral futura, realizan su trabajo pastoral en equipo y no aisladamente, consientes de que el equipo es signo concreto de la Iglesia, “ Sacramento de Salvación” centrado en cristo y unidos por la caridad fraterna. Consideran, igualmente, que el trabajo en equipo es vida de comunión, expresada en la oración, planeación y revisión de la acción apostólica, que contribuye a su maduración personal y permite descubrir y responder más adecuadamente a la acción apostólica, que contribuye a su madurez personal y permite descubrir y responder más adecuadamente a las necesidades del Pueblo de Dios.
DIMENSIÓN MISIONERA
Los candidatos consideran la acción pastoral, no como mero ensayo o simple desarrollo de sus propias aptitudes, sino como una auténtica participación en la obra misionera de la Iglesia y la realizan en una humilde actitud de observación y aprendizaje. Están dispuestos, por tanto, a hacer del servicio pastoral el verdadero proyecto de su vida misma, anhelando una conciencia madura de las realidades que concurren en el hecho pastoral: el mensaje de (Cristo mismo), el destinatario, las acciones pastorales, el ardor, los métodos, las expresiones.
Reconociéndose un servidor en medio de otros servidores, el aspirante al presbiterado aprende a valorar de modo especial la identidad y misión de los laicos, sus derechos y deberes en la Iglesia, y a colaborar con ellos en la acción pastoral que individual o comunitariamente realizan para inculturizar el evangelio y transformar las realidades temporales según el plan de Dios. De igual modo han de aprender a apreciar cordialmente el carisma y el servicio de la vida consagrada, en sus diversas expresiones, de modo que en el futuro ministerio presbiteral acojan, integren y promuevan las diversas vocaciones y responsabilidades dentro de la vida y misión de la comunidad que les sea confiada a su candidato pastoral.
El seminario promueve, cultiva y anima –a través de un explicito programa de formación Misionera - en los candidatos al ministerio presbiteral, el espíritu misionero, que no es solamente una disponibilidad para el servicio “ ad gentes” en la Iglesia universal sino también una solicitud efectiva por una Nueva Evangelización, que permita llegar, con la fuerza del Evangelio, a todos los hombres y a cada hombre, así como el “estar abierto y disponible para todas las posibilidades ofrecidas hoy para el anuncio del Evangelio, sin olvidar la valiosa ayuda que pueden y deben dar al respecto los medios de comunicación social.
EXIGENCIA PERSONAL
El primer compromiso pastoral de los candidatos el presbiterado es el testimonio personal. Por eso, el primero y principal campo de su actividad apostólica es el seminario mismo, donde vive y profundiza la fe, la expresa en unas relaciones de amor sincero y la celebra con dignidad y eficacia en la liturgia.
Todo el que esté bien familiarizado con la persona de Jesús, Buen Pastor ha de partir de una profunda vida de oración y de una gran disponibilidad, para apropiarse su caridad pastoral, principio y fuerza del ministerio del presbítero. “Se trata de una formación destinada no solo a asegurar una competencia pastoral científica y una preparación practica, sino también, y sobre todo, a garantizar el crecimiento de un “modo de estar” en comunión con los mismos sentimientos y actitudes de Cristo, Buen Pastor”.
Los candidatos asumen las practicas pastorales en su doble condición de cristianos de futuros Pastores: como cristianos, comparten los anhelos de salvación del pueblo colombiano y la urgencia de la obra evangelizadora, a ejemplo del apóstol: “ la caridad de Cristo nos urge; ¡ay de mi si no evangelizo!” . como futuros pastores, preguntan en la acción pastoral el ministerio y se preparan para el carisma especifico del ministerio presbiteral que Irán a desempeñar.
El proyecto educativo del seminario se encarga de una verdadera y propia iniciación a la sensibilidad del Pastor, a asumir de manera consciente y madura sus responsabilidades, al hábito interior de valorar los problemas y establecer las prioridades y los medios de solución, fundados siempre en claras motivaciones de fe y según las exigencias teológicas de la pastoral misma... para una adecuada formación es necesaria que las diversas experiencias de los candidatos el sacerdocio asuman un claro carácter “ministerial”, siempre en intima conexión con todas las exigencias propias de la preparación al presbiterado y (por supuesto, sin menoscabo del estudio. Relacionadas con el triple servicio de la palabra, del culto y de presidir la comunidad. Estos servicios pueden ser la traducción concreta de los ministerios del Lectorado, Acolitado y Diaconado”.
EL PROCESO
La formación Pastoral se realiza de manera gradual, según las diferentes etapas de formación que va viviendo el candidato y las diferentes habilidades que va adquiriendo y que lo capacitan para servir en la Iglesia mediante los ministerios del Lectorado, del Acolitado, la Ordenación Diaconal y, como cúlmen de la formación del Seminario, la Ordenación Presbiteral.
El seminario prepara a los candidatos para el ministerio de la palabra, para que la acojan, la mediten, la estudien, la vivan y la expresen en el trabajo pastoral; los prepara tambièn para el ministerio litúrgico y de santificación; igualmente, los prepara para el ministerio pastoral, para que se hagan servidores de todos por el Evangelio.
“ La formación pastoral se desarrolla mediante la reflexión y la aplicación práctica”. Se establece así una estrecha relación entre el estudio de la teología pastoral o practica, y las prácticas pastorales de los candidatos. En el plan de formación pastoral cada Seminario procurará el modo más viable de recoger las inquietudes, cuestionamientos y necesidades que surjan de la practica pastoral de los estudiantes, de aportarles los elementos teóricos indispensables para orientar su apostolado y de ayudar a los profesores de las diversas asignaturas a identificar la dimensión pastoral de las mismas.
El Seminario integra “ en los programas de formación sacerdotal y religiosa cursos específicos de misionología e incluye a los candidatos al sacerdocio sobre la importancia de la inculturación del Evangelio” y forma “agentes de pastoral autóctonos con espíritu misionero, en la línea señalada por la encíclica “Redemptoris Missio”.
En la situación generalmente marcada por el conflicto se hace indispensable que la formación pastoral ofrezca los principios sólidos del Evangelio y de la doctrina Social de la Iglesia, que le permita al futuro presbítero asumir con identidad cristiana y competencia pastoral estas situaciones difíciles, optar preferencialmente por los pobres y oprimidos, a la vez que afrontar con espíritu crítico las diversas ideologías con las que se pretende interpretar los fenómenos sociales.
LOS FORMADORES
Es urgente que en las prácticas pastorales los estudiantes del Seminario cuenten con el acompañamiento de sus formadores y de los párrocos a quienes son enviados especialmente en la planeación, evaluación y aprovechamiento pedagógico y vocacional de dichas actividades. Lo anterior exige una cuidadosa selección de los párrocos, a quienes serán enviados los equipos apostólicos de los candidatos, a fin de encontrar en ellos también la figura de formadores.
Uno de los formadores es el responsable de orientar y coordinar la formación pastoral, teniendo en cuenta los planes de pastoral nacional y diocesana. Le corresponde dar a conocer a los candidatos los diversos campos de acción pastoral, los medios y organismos pastorales diocesanos e interdiocesano. Así mismo se preocupa por la programación, ejecución y evaluación de las actividades pastorales, en colaboración con los demás formadores.
LA NUEVA EVANGELIZACIÓN
EL PROYECTO
El proyecto de la nueva evangelización, promoción humana y cultura cristiana que se viene perfilando en la Iglesia de América Latina y el caribe ha de inspirar, desde las líneas pastorales diocesanas, todo el plan de vitalizar la vocación y misión de los fieles laicos, en comunión solidaria con religiosos y religiosas, revitalizar la familia,, evangelizar todas las culturas especialmente la nueva cultura urbana moderna y postmoderna, estar presente en el complejo mundo de las comunicaciones sociales, respetar y promover las culturas amerindias y afroaméricanas. Especial urgencia adquiere para la Iglesia en Colombia el asumir las opciones por la defensa radical y coherente de la vida humana, por la misión “ad gentes” y por el fortalecimiento del espíritu eclesial frente al auge sectario de los nuevos grupos religiosos. Estas opciones deben ser estudiadas y asumidas con claro énfasis en el plan de formación pastoral de cada Seminario.
LOS POBRES
La situación dramática que vive Colombia es el lugar donde nos interpela el espíritu a través de las necesidades y aspiraciones legitimas del pueblo colombiano. Cambiar estas situaciones, pasarlas “de menos humanas a más humanas”, es un claro desafío de la evangelización que el Seminario, en su proyecto formativo, está llamado a impulsar.
El candidato al presbiterado se forma para el ministerio aprendiendo de los pobres a vivir en sobriedad y a compartir y valorar la sabiduría de los pueblos indígenas en cuanto a preservación de la naturaleza como ambiente de vida para todos, en busca de una justa distribución de los bienes de la tierra con el fin de abrir caminos de reconciliación, de justicia y de paz.
El Seminario “ revisa actitudes y comportamientos personales y comunitarios, así como las estructuras y métodos pastorales, a fin de que no alejen a los pobres sino que propicien la cercanía y el compartir con ellos”.
LA INCULTURACIÓN
“ Por medio de la inculturación la Iglesia encarna el Evangelio en las diferentes culturas en su misma comunidad, transmite a las culturas sus propios valores, asumiendo lo que hay de bueno en ellas y renovándolas desde dentro”.
Los candidatos al ministerio presbiteral se forman en el conocimiento crítico de las culturas indígenas, afroaméricanas y del caribe para apreciarlas a la luz del Evangelio. Y se preparan para “promover una inculturación de la liturgia, acogiendo con aprecio sus símbolos, ritos y expresiones religiosas compatibles con el claro sentido de la fe, manteniendo el valor de los símbolos universales y en armonía con la disciplina general de la Iglesia”.
Igualmente la religiosidad popular, que constituye una riqueza en nuestro pueblo, ha de asumirse en la formación pastoral como punto de partida para la Nueva Evangelización, respetándola, evangelizándola de modo que los futuros pastores aprovechen los valores que ella encierra y orienten en función de los objetivos que persigue la Iglesia dentro de la sociedad humana y las diversas culturas.
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
EL Seminario pone especial empeño en la adecuada y fundamentada capacitación de los candidatos en el uso de los medios de comunicación social, para que, con capacidad crítica, sepan utilizarlos activa y creativamente al servicio de la Evangelización.
El Seminario forma a los candidatos para que trabajen en la formación cristiana de las conciencias lideren a la comunidad en el rescate de los valores perdidos de la moral cristiana e, igualmente, para que, con convicción evangélica y espíritu crítico, ejerzan vigilancia profética “para que los medios de comunicación social ni manipules, ni sean manipulados al transmitir, bajo pretexto de pluralismo, lo destruya al pueblo”.
PROMOCION HUMANA
EL Seminario forma a los candidatos como agentes comprometidos de la promoción humana, “ dimensión privilegiada de la Nueva Evangelización”. Desde su formación en el Seminario, los candidatos al ministerio presbiteral asumen comprometidamente su compromiso de “promover”, de modo eficaz y valiente, los derechos humanos, desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, con la palabra, la acción y la colaboración, comprometiéndose en la defensa de los derechos individuales y sociales del hombre, de los pueblos, de las culturas y los sectores marginados, así como de los desprotegidos y encarcelados”.
La promoción humana es una dimensión privilegiada de la Nueva Evangelización. La Iglesia de Jesús, maestra en humanidad, continua en la historia de su formador por la dignificación de los hombres, especialmente de los que sufren, y se compromete para que el Reino penetre y transforme todos los sectores de la realidad humana... por ser búsqueda de la paz una prioridad para el pueblo colombiano, el pastor está llamado a ser, por presencia, instrumento de diálogo sincero, de reconciliación y de paz”.
CULTURA CRISTIANA
Particular profundización requiere, en la formación pastoral del Seminario, la dimensión social y polìtica de la fe en todas sus relaciones fundamentales: fe y política, fe e ideologías, fe y compromiso en el mundo. Es tema de singular importancia en la formación adecuada evitará los radicalismos tanto de derecha como de izquierda.
El Seminario impulsa y anima en los candidatos el interés por “ el dialogo entre fe y ciencia, fe y expresiones, fe e instituciones, que son grandes ámbitos de la cultura moderna” y los forma para que, con discernimiento evangélico y espíritu crítico, aprendan a “cuidar los signos y el lenguaje cultural que señala la presencia cristiana y permite introducir la originalidad del mensaje evangélico en el corazón de las culturas”, preparando así la urgente evangelización de las elites dirigentes y científicas.
DISCERNIMIENTO VOCACIONAL Y JUICIO DE IDONEIDAD
En el proceso de formación específica del Seminario se destaca por su importancia decisiva el discernimiento vocacional. La finalidad de éste es descubrir la voluntad de Dios con respecto a la vocación del candidato. Para hacer este discernimiento es preciso comprobar, por una parte, que el aspirante al sacerdocio posee unas aptitudes humanas, intelectuales, morales y espirituales adecuadas y, por otra, que tiene recta intención y voluntad libre para dedicarse al ministerio presbiteral.
En definitiva, se trata de verificar en qué medida se han asumido cada uno de los aspectos concretos que se han expuesto en los apartados sobre las dimensiones de la formación.
UN DISCERNIMIENTO DIALOGADO Y PROGRESIVO
El Discernimiento vocacional corresponde, por una parte, al candidato mismo que desea llegar al sacerdocio y, por otra, a la Iglesia, y, en última instancia, al Obispo, que acoge esta aspiración del aspirante y que en su día, antes de la llamada definitiva a las órdenes, da un juicio sobre su idoneidad para ejercer el ministerio sacerdotal. Esta doble participación debe ir acompañada por la oración personal del seminarista y por la oración comunitaria ya que sólo puede realizarse bajo la acción del Espíritu Santo que anima la vida de cada cristiano y de toda la Iglesia.
Por parte del seminarista se requiere una reflexión personal seria y prolongada, para examinar las motivaciones reales por las que tiende al sacerdocio, para confirmar su rectitud de intención y libertad de voluntad y para evaluar sinceramente las propias aptitudes en orden al ministerio presbiteral con todas sus exigencias.
De esta forma podrá ir esclareciendo si es idóneo para acceder al ministerio presbiteral o ha de orientarse a otra forma de vida cristiana. En el caso positivo de vocación sacerdotal, a medida que el seminarista va cerciorándose de que Dios le llama por ese camino, irá pasando de la opción inicial, hecha al ingresar en el Seminario, a una resolución clara y decidida por el presbiterado. Esta evolución no excluye coyunturalmente la duda e incertidumbre, el miedo y la conciencia de incompetencia e inhabilidad.
Para este discernimiento personal necesitará disponer de unos medios institucionales que le ayuden a realizarlo y, en especial habrá de mantener un diálogo abierto y continuado con sus Formadores del Seminario, así como una dirección espiritual constante.
Por parte de la Iglesia, corresponde al Rector y al equipo de Formadores mantener con cada seminarista una relación, claramente personalizada, de diálogo que permita ir valorando con objetividad en las distintas etapas su situación personal y su idoneidad para el futuro sacerdocio. De este modo va formándose el juicio valorativo sobre la idoneidad del candidato, que siempre habrá de hacerse a la luz de lo que la Iglesia en su doctrina, en su expresión litúrgica y en su ordenamiento canónico considera indispensable en el sacerdote.
Para que el discernimiento tenga garantías de objetividad, debe haber una continuidad en el diálogo entre el seminarista y sus Formadores a lo largo de todo el proceso de formación. Hay, sin embargo, ciertos momentos en los que se hace especialmente necesaria una evaluación más detallada en orden a tomar decisiones progresivas. Así la incorporación primera al Seminario requiere una cuidadosa comprobación previa de que se cumplen todas las condiciones para el ingreso. El paso de una etapa a otra supone una constatación de que se han cubierto satisfactoriamente los objetivos fijados en la etapa que termina y una aceptación cordial y explícita, por parte del seminarista, de las líneas de formación que el Seminario le propone para la etapa siguiente. Tanto el rito de recepción de los ministerios como el de admisión de candidatos al sacerdocio son momentos fuertes de discernimiento vocacional y éste se hará de modo ya definitivo cuando llegue el momento de las ordenaciones.
Los criterios fundamentales para el discernimiento vocacional se encuentran unos explícitamente formula dos y otros implícitamente indicados a lo largo de estas Normas Básicas. Como referencias más concretas caben destacar, entre otros, los siguientes criterios:
La consecución progresiva de los objetivos que se señalan para cada etapa del progreso de formación.
- La integración personal de los distintos aspectos formativos (humano, intelectual, espiritual, pastoral, comunitario), teniendo en cuenta la situación de cada seminarista, sus lagunas y cualidades.
- La adaptación de las expectativas vitales del seminarista a las exigencias que se derivan del ministerio presbiteral tal como éste se realiza hoy en la Iglesia.
- La aceptación realista de las características de la diócesis concreta a cuyo servicio va a ordenarse y la disponibilidad para los ministerios que en ella se le encomienden.
- La disponibilidad para el servicio a la Iglesia universal, sobre todo en sus comunidades más necesitadas, como pueden ser hoy los pobres, los marginados, los desplazados, los jóvenes, las familias, etc..
- Un signo claro para el discernimiento es el amor humilde al ministerio, concebido no como mando o como honor, sino como servicio de estilo evangélico.
En esta materia "debe precederse con firmeza, aunque haya que lamentar la falta de vocaciones". No basta la ausencia de razones negativas; se requieren signos vocacionales positivos que avalen y recomienden el avance hacia las órdenes, una duda prolongada durante años sobre la idoneidad del candidato puede ser sin más un criterio suficiente para que los Formadores tomen la decisión de disuadirle de seguir adelante. El momento de la admisión de candidatos ofrece una ocasión muy oportuna para resolver estos casos de duda crónica. Sería perjudicial, y en algunos casos gravemente dañoso, tanto para la persona del seminarista como para la Iglesia, que los Formadores por inercia, por falso sentimiento de la comprensión de las limitaciones humanas, por presiones ajenas o por cualquier otro motivo, le permitiesen avanzar hacia el sacerdocio sin unas razones positivas suficientes.
En esta evaluación continua y progresiva, tanto el interesado como los Formadores, habrán de tener también en cuenta el juicio de los seminaristas, compañeros de comunidad. La prudencia dictará la manera más apta para recabar este parecer de los compañeros del Seminario, no sólo en un momento del período de formación, sino a lo largo de todo él.
JUICIO DE IDONEIDAD ANTES DE LAS ÓRDENES
La valoración de idoneidad y el consiguiente juicio selectivo por parte de los Formadores adquiere especial relieve cuando el seminarista va a ser instituido en los ministerios de Lector y Acólito o solicita la Admisión entre los candidatos para el Diaconado y el Presbiterado. Para dar estos pasos requeridos canónicamente antes del Diaconado los seminaristas han de dar previamente muestras de la madurez y la idoneidad que se determina en los documentos pertinentes.
Especial importancia ha de darse a los escrutinios prescritos para antes de recibir las Órdenes Sagradas. Estas no deben ser conferidas sino a aquellos que han manifestado de forma moralmente cierta la madurez requerida para asumir las responsabilidades del ministerio Diaconal y Presbiteral. Corresponde al Rector recabar cuidadosamente datos sobre cada uno de los ordenados, informes de los formadores y de otras personas, sacerdotes y seglares, que los conozcan bien, y presentarlos al Obispo de la diócesis, a quien compete en definitiva dar el juicio último sobre la idoneidad de los candidatos y decidir acerca de su ordenación.
Un factor siempre de gran importancia para la elaboración del juicio de idoneidad es la comunicación de los formadores del Seminario con los párrocos de los seminaristas y con las comunidades en las que éstos han desarrollado actividades pastorales. En esta comunicación especialmente cuando se acercan las ordenaciones, han de evitarse los formalismos fríos que desvirtúan la responsabilidad que atañe a unos y a otros en este delicado discernimiento.
